sábado, 30 de enero de 2016

Literatura: un fantasma errante por el mundo.

Nunca olvidaré, aquella frase pronunciada por el escritor cubano Severo Sarduy en el programa A fondo que conducía magistralmente Joaquín Soler Serrano. La frase breve , pero contundente decía así, parafraseo: La literatura amenaza la seguridad simbólica del otro.

Es muy reveladora en el sentido, de que nos descubre las posibilidades y el alcance de un libro,
más allá de lo estrictamente cognoscitivo, estructural, o semiotico. Sugiere una especie de infiltracion en los abismos del ser en el otro, presentando al narrador como una voz no ingenua y  al escritor convirtiéndolo en una especie de brujo de las imágenes.

Severo Sarduy tampoco era ingenuo y pone el dedo en la llaga, con tal de descubrirnos el enfant terrible que subyace en cada autor. Sin embargo, creo que no es justo culpar a los autores, por esta capacidad innata de desnudar la realidad a través de la literatura.  Cuando el otro, se reconoce así mismo en las páginas de un libro, promueve en su interior escenas del pasado. Según muchos psicoanalistas, los grandes argumentos que acontecen en la vida de una persona, tienen lugar, desde el nacimiento hasta los ocho años de edad aproximadamente. Todo lo que ocurra posteriormente, es nada más, un reencuentro con tu pasado, una recreación de escenas o de tramas que están allí al fondo de la mente, del espíritus.

El escritor es un despiadado desnudador de realidades y de vidas, puede incluso atraer a tu vida la paz, el temor, la ira, la sencibilidad. Puede hacerte reflexionar, sin necesidad de largas secciones de psicoanálisis.

La literatura no es criterio de realidades, se ha escuchado por ahí. Pero esto no socava en lo más mínimo su poder desacralizador. La literatura es vista en las sociedades cerradas o totalitarias, como un poder capaz de emular con los poderes, valga la redundancia, del estado. Con respecto a esto Flaubert  escribió: Los gobiernos abominan de la literatura. El poder desconfía de otro poder. Sería interminable enumerar la cantidad de autores que varias veces chocaron con el poder, alguna vez en la vida.

La frase de Severo Sarduy da otra interpretación del impacto de la literatura en el otro. Y que explica de alguna forma, el porqué la gente cambia el tono de voz, cuando le revelas, de pronto,  que todo el tiempo estuvo hablando con un escritor. La gente suele acomodarse, buscar su mejor pronunciación, como cuando están frente a una cámara. Temen de que el escritor vaya a desnudarlos. Ahora cabría preguntrase, ¿ de qué desnudarse ? Pero ya esta respuesta es tema para otra charla. Hablar de Literatura también tiene su tiempo.

José Rey Echenique.

No hay comentarios:

Publicar un comentario