jueves, 28 de enero de 2016

El corazón, más allá de la fe.

Siempre me he preguntado, por la preponderancia histórica del corazón, frente a la desventaja histórica de otras vísceras y órganos, más discriminados como el páncreas, el hígado o los riñones.
Se dice que en las antiguas culturas, los sacerdotes, eran los encargados de extraer el cerebro del
cadáver, para que iniciara el difunto su viaje al más allá, sin complicaciones burocráticas de ningún tipo. Sorprendentemente, solían dejar intacto el corazón, porque era considerado el centro de la vida, compartimento en el que radicaba el alma o el espíritus.
No es hasta el siglo XVII, pleno barroco, que Thomas Willis ( 1621-1675), abre, por obra de la imaginación más que por obra de la ciencia en rigor, la llamada "era neurocentrica" que llega hasta nuestros días y en la que se considera a la mente y el cerebro unidos, dentro de aquello que antes había sido considerado una estructura vizcosa, antiestetica e inservible.
Sin embargo, el corazón, aún hoy continua siendo una imagen que ha penetrado hondamente en el lenguaje, en las artes, en la literatura, llegando a ser incluso, un motivo archicitado, dentro de escenas románticas cargadas de alta melaza. La palabra recordar, según las etimologías, proviene del latín cor, que significa corazón, de manera que recordar vendría siendo recorazonar, o repasar por el corazón, algo así.
Aristoteles, el célebre filósofo griego, también creía que el corazón era la esencia del espíritus, donde radicaba el pensamiento y el yo. Por su parte el Cristianismo, también ubicó este órgano en el centro de la fe, el Corazón de Jesús  es un ejemplo de esto, a lo que Don Miguel de Unamuno, el filósofo español, denominó la época de la Hierocardiocracia, algo así cómo el poder del corazón sagrado. ¿ Antagónica con la era neurocentrica? Buena pregunta, pero es mejor no invadir campos minados, aúnque la fe no depende de esto, ni mucho menos de un órgano.
Lo cierto es que en la Edad Media, se pensaba que el hombre tenía tres almas; una de las cuales radicaba en el hígado, otra en el corazón y una tercera pertenecía a la religión Cristiana y no ocupaba un sitio específico. Pero, como es obvio, trascendió la imagen del corazón como figura o lenguaje. ¿ Porqué no trascendió el hígado, si era considerada un alma también?
Es la pregunta del millón. Me atrevo a decir que influye bastante, su estructura bien compacta, fácilmente representable, y su relación tan directa con las emociones humanas.
Al parecer, como suele suceder entre los seres humanos, también somos discriminatorios con algunas partes de nuestros cuerpo las cuales, muchas veces, son consideradas vergonzosas por nuestra cultura occidental.
A nadie se le ocurriría decir: mi amor, cuando te veo mi hígado despereza. Horror.
Habrá que preguntar a algún cardiolologo, a ver que piensa de todo esto, ahora que ya es estamos metido en plena era digital. Por lo pronto, sigamos controlando nuestra tensión arterial, hasta que Dios quiera.

José Rey Echenique.

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